La electromovilidad en México atraviesa una fase decisiva. Tras varios años de crecimiento continuo, el mercado de vehículos eléctricos (VE) entra en 2026 en un periodo de consolidación. Si 2024 sentó las bases y 2025 detonó la expansión, ahora el desafío consiste en integrar esta tecnología de forma habitual en la movilidad cotidiana del país.
Para Constantino Rodríguez, Head Comercial de VEMO, el panorama exige una visión estratégica. Señala que el reto rumbo al cierre de la década no se limita a vender más unidades, sino a construir un modelo sostenible, rentable y escalable. Planeación, reglas claras e inversión serán factores clave para afianzar el desarrollo regional.
En ese contexto, la compañía proyecta instalar cerca de 23 mil conectores en su red pública y privada hacia 2030, además de sumar alrededor de 55 mil VE a su flota. El plan contempla inversiones superiores a 1,500 millones de dólares en cinco años para ampliar infraestructura y fortalecer el ecosistema eléctrico.
El respaldo financiero ha sido determinante. Con apoyo de fondos internacionales y nacionales, la empresa ha captado más de 500 millones de dólares. En septiembre de 2025 anunció un compromiso adicional de 250 millones, encabezado por Vision Ridge Partners.
Las cifras del mercado respaldan el optimismo. Datos de la Electro Movilidad Asociación indican que en 2025 las ventas de VE e híbridos conectables crecieron 38.5% anual, mientras que la infraestructura de carga aumentó 26%, con 56,726 posiciones disponibles.
Durante ese mismo año, VEMO inauguró el mayor hub público de recarga del país, con 102 conectores y 6.2 MW de capacidad. Actualmente, su red supera los 1,400 conectores en 18 estados y registra más de 85 mil sesiones mensuales.
Te puede interesar: VEMO asegura 250 mdd para acelerar la movilidad eléctrica en México
Con más de 235 millones de kilómetros eléctricos recorridos y 40 mil toneladas de CO₂e mitigadas, el siguiente paso será normalizar la electromovilidad, asegurando coordinación entre infraestructura, financiamiento y regulación para mantener el impulso sin frenar la transición.
