La sorpresiva captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses ha introducido un nuevo factor de volatilidad extrema en los mercados petroleros internacionales. Más allá del impacto político y legal de la operación, los operadores energéticos concentran su atención en el posible destino de entre 800 mil y 900 mil barriles diarios de crudo venezolano, en un contexto global ya marcado por tensiones geopolíticas y restricciones de oferta.
Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo —estimadas en cerca de 300 mil millones de barriles—, se ha mantenido durante años como un proveedor inestable debido al deterioro de su infraestructura, las sanciones internacionales y la falta de inversión. Tras la captura de Maduro, las primeras evaluaciones de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) indican que las instalaciones de producción y refinación continúan operando, aunque los daños reportados en el puerto de La Guaira generan incertidumbre logística inmediata.
Para el mercado, el principal riesgo no es solo una interrupción puntual del suministro, sino la posibilidad de un escenario de inestabilidad prolongada, que incluya fracturas internas en las fuerzas armadas, conflictos urbanos o una transición política incierta. Analistas advierten que los precios del crudo podrían experimentar fuertes oscilaciones conforme los inversionistas ponderan dos escenarios opuestos: una eventual normalización de la producción venezolana bajo un gobierno de transición respaldado por Washington, o un colapso institucional que mantenga fuera del mercado millones de barriles durante años.
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La captura de Maduro también tiene implicaciones estratégicas para China, principal comprador del crudo venezolano en la última década mediante esquemas de deuda por petróleo. Al cortar esta vía de suministro, Estados Unidos debilita una arteria clave de la seguridad energética china, lo que añade tensión a un mercado global ya presionado por sanciones a Rusia y conflictos en Medio Oriente.
En América Latina, la reacción ha sido dispar y contribuye al nerviosismo de los mercados. Colombia ha desplegado tropas en su frontera ante el riesgo de desbordamientos de violencia y flujos migratorios, mientras otros gobiernos celebran la detención como un punto de inflexión político. Esta fragmentación regional incrementa la percepción de riesgo geopolítico, un factor que suele reflejarse rápidamente en los precios del petróleo.
La Agencia Internacional de Energía ha señalado reiteradamente a Venezuela como uno de los grandes comodines del suministro mundial. Si la transición política deriva en una reapertura acelerada de la Faja del Orinoco con capital extranjero, el mercado podría absorber nuevos barriles en el mediano plazo. Sin embargo, los daños a la infraestructura, la fragilidad eléctrica y la incertidumbre legal hacen prever que, al menos en el corto plazo, la captura de Maduro se traduzca en mayor volatilidad y cautela en los mercados petroleros internacionales.
