Xiaomi dio un salto sin precedentes en la industria manufacturera al poner en marcha su primera “fábrica oscura” totalmente automatizada en Beijing, China. Se trata de una instalación donde robots e inteligencia artificial operan de forma continua, las 24 horas del día, sin iluminación y sin presencia humana en las líneas de producción, marcando un hito en la fabricación de teléfonos inteligentes.
Ubicada en el distrito de Changping, la planta ocupa cerca de 81 mil metros cuadrados, una extensión equivalente a 11 canchas de fútbol, y tiene la capacidad de ensamblar un smartphone por segundo. Este ritmo de producción permite fabricar miles de dispositivos por hora con niveles de precisión, eficiencia y control que superan ampliamente los estándares tradicionales basados en mano de obra humana.
El funcionamiento de la planta está completamente controlado por una inteligencia artificial avanzada denominada Hyper IMP, encargada de coordinar todas las etapas del proceso productivo. Desde el ensamblaje de componentes y la instalación del sistema operativo, hasta las pruebas de calidad y el empaquetado final, cada fase se ejecuta de manera autónoma. Las máquinas se comunican entre sí en tiempo real, identifican fallas, corrigen errores de forma automática y ajustan la producción para optimizar el rendimiento sin intervención externa.
Uno de los aspectos más llamativos es que la fábrica opera en completa oscuridad, ya que no requiere iluminación para trabajadores humanos. Este modelo reduce de forma significativa los costos operativos y elimina errores asociados a la intervención manual.
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Con esta apuesta, Xiaomi no solo acelera la producción y mejora la calidad de sus dispositivos, sino que también redefine el papel de la inteligencia artificial en la manufactura avanzada. La “dark factory” representa un cambio de paradigma que abre un debate global sobre el futuro del empleo, la productividad industrial y la competitividad tecnológica entre las principales economías del mundo.
La experiencia de Xiaomi confirma que la automatización inteligente ha dejado de ser una visión futurista para convertirse en una realidad operativa a gran escala.
