Nvidia Corp., el principal fabricante mundial de procesadores para Inteligencia Artificial (IA), volvió a colocarse en el centro del debate financiero tras presentar una previsión de ventas que, si bien superó las expectativas promedio de Wall Street, no logró entusiasmar a los inversionistas. El episodio refleja que las dudas sobre una posible “economía de la IA sobrecalentada” siguen latentes, incluso para la compañía que ha liderado este ciclo tecnológico.
Durante la más reciente conferencia con analistas, las acciones de Nvidia llegaron a caer hasta 1.5%, un movimiento modesto, pero simbólico, luego de un periodo de crecimiento explosivo que llevó a la empresa a convertirse en la más valiosa del mundo por capitalización bursátil. Para los mercados, el desafío ya no es el crecimiento acelerado, sino la sostenibilidad del auge de la Inteligencia Artificial en el mediano y largo plazo.
El director ejecutivo, Jensen Huang, rechazó las preocupaciones y sostuvo que los clientes ya están monetizando la capacidad de cómputo adquirida para entrenar y operar modelos de IA cada vez más complejos. A su juicio, esto garantiza que la inversión en infraestructura de IA se mantendrá elevada. “Se necesita capacidad de cómputo, y eso se traduce directamente en crecimiento e ingresos”, afirmó.
Desde la perspectiva operativa, la directora financiera Colette Kress buscó disipar temores relacionados con restricciones de suministro. Reconoció que producir chips avanzados sigue siendo un reto, pero aseguró que la línea Blackwell y su sucesor, Rubin, superarán las proyecciones de ventas previas. Nvidia había estimado anteriormente que estos procesadores generarían hasta 500 mil millones de dólares hacia finales de 2026.
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No obstante, la empresa enfrenta incertidumbre geopolítica, especialmente en China, uno de los mayores mercados de chips. Las licencias limitadas otorgadas por Estados Unidos, los requisitos de inspección y un arancel de 25% complican el panorama. Por ahora, Nvidia seguirá excluyendo de sus previsiones los ingresos por centros de datos en ese país.
El caso Nvidia ilustra cómo, incluso en plena revolución de la Inteligencia Artificial, los inversionistas exigen pruebas constantes de rentabilidad, estabilidad y control de riesgos en un mercado cada vez más estratégico y competitivo.
