En el marco de las actividades previas al Gran Premio de Barcelona, la Fórmula 1, la Federación Internacional del Automóvil (FIA), las escuderías y los fabricantes de unidades de potencia alcanzaron un consenso definitivo para modificar el reglamento técnico de las próximas dos temporadas. Estas medidas, proyectadas para implementarse de forma progresiva entre 2027 y 2028, surgen tras analizar el comportamiento de los monoplazas en las primeras carreras del campeonato 2026, con el objetivo de dar mayor libertad a los pilotos y evitar que la gestión energética limite el espectáculo en pista.
El eje central de la reforma radica en devolverle protagonismo al motor de combustión interna (ICE) frente al sistema eléctrico. Mientras que el reglamento actual establece un reparto energético de 53% para el ICE y 47% para el sistema eléctrico, la nueva normativa ajustará dicha relación a un 58/42 en 2027, alcanzando un 60/40 para 2028. Asimismo, la potencia máxima del bloque térmico subirá de los 400 kW actuales a 420 kW el próximo año, y a 450 kW en 2028, impulsada por un incremento gradual en el flujo de combustible del 5% y 13%, respectivamente.
Ajustes en el sistema eléctrico y mayor capacidad de ataque en Fórmula 1
Por otro lado, el dispositivo de recuperación de energía cinética (MGU-K) experimentará una reducción en su entrega de potencia máxima, disminuyendo de 350 kW a 300 kW para las dos siguientes temporadas. No obstante, se compensará con un incremento en su capacidad de regeneración de energía, la cual escalará a 375 kW en 2027 y a 400 kW en 2028, manteniendo el modo de adelantamiento fijo en 350 kW.
Con esta reconfiguración, las autoridades del automovilismo buscan que la administración de las baterías no sea el factor determinante durante una vuelta rápida, permitiendo a los competidores rodar al límite de forma continua. El paquete de reformas también incluirá ajustes financieros y operativos en los Grandes Premios.
